Probando posteo por correo, live from Laburo
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Ella se sentaba en el subte, y si contaba con un poco de paz, o quizás buen humor - o sea, cuando conseguía asiento - se ponía a clasificar a la gente: el mundo, los pasajeros se agrupaban o dividían a través del calzado, vestimenta, abrigo y hasta por sus maletines ó mochilas. Los pasajeros formaban entonces sin saberlo, sin dar conformidad, de una baraja con la cual Serena jugaba virtualmente a la canasta, o quizás, y más apropiado dada la exclusividad con la que participaba, lo de ella consistía en un gigante,monumental, solitario. Inacabable, inaburrible, inable...
Pero esa noche el subte estaba semi-vacío - "algún Boca-River", pensó - y estaba demasiado cómoda como para regalar esos veinticinco minutos que separan Plaza de Mayo de Primera Junta a Morfeo. Encima, se caía de sueño, y se asumía yendo y viniendo entre una cabecera y la otra, cabeceando en una infinita estación Miserere que se repetiría como le había pasado no hacía mucho, quizás tan sólo veinticuatro horas atrás. Se irguió en el asiento, sacó su libro de cuentos de turno y...
