Decadencia real.-
Y un día la reina quiso abdicar.
Para colmo, en medio de una guerra. De su guerra, personal, propia. Así y todo, quiso abdicar.
El príncipe consorte le preguntó porqué. El príncipe, acostumbrado a la vivencia cotidiana, siempre se vio deslumbrado por el nuevo título de nobleza que ostentaba (y cuanto lo ostentaba) y por los placeres que la realeza le otorgaba, placeres que jamás había siquiera soñado. El hilo que separaba "ser príncipe" con "sentirse príncipe", simplemente no existía. Era tan ferviente su goce, que se limitaba a ejercerlo.
Por eso vio el punto de quiebre en la posible abdicación de la reina: cedió un poco, aminoró el ritmo de orgías, banquetes y hedonismo; y se acercó a la reina, para ver, conocer y quizás cambiar la razón que los alejaría (a él por las fuerzas) de los placeres monárquicos.
Pasó un tiempo, cambiaron ciertos hábitos y volvió la monarquía. Una moderada monarquía. Pero ella reina, al fin y al cabo. Glamorosa, pero, taimada reina. Y el príncipe se sintió incómodo.
Y se sintió incómodo.
Incómodo, sintióse el príncipe.
Que no sabe ni siquiera como redactarse incómodo. Tan incómodo.
El príncipe se sintió incómodo.
Y era la ropa de príncipe que le apretaba, le quedaba chico. Lo ahorcaba.
Era el quién se cansaba ahora. Lo aburrió, lo indignó. Sólo príncipe, y nada más.
Ni siquiera estaba en su sangre, que era roja, y no azul. Y de golpe, nada. Solo un príncipe. Vacuo, chato, consorte príncipe.
Y quería ser más que un príncipe.
Don't wanna be JUST a prince anymore.
No quiero pelear, quijotescamente, contra molinos de viento.
No quiero pelear. Soy un pseudo príncipe que solo quiere amar.
No, no quiere amar "solamente". Estoy cansado de los "solamente". Quiero un polirrubro. Voy a ponerme un maxikiosko.
No quiero adornarme, no quiero ser más príncipe. Quiero salir con mis atuendos reales. (¿Realmente hace falta que aclare entre atuendos reales y atuendos reales?)
Para colmo, en medio de una guerra. De su guerra, personal, propia. Así y todo, quiso abdicar.
El príncipe consorte le preguntó porqué. El príncipe, acostumbrado a la vivencia cotidiana, siempre se vio deslumbrado por el nuevo título de nobleza que ostentaba (y cuanto lo ostentaba) y por los placeres que la realeza le otorgaba, placeres que jamás había siquiera soñado. El hilo que separaba "ser príncipe" con "sentirse príncipe", simplemente no existía. Era tan ferviente su goce, que se limitaba a ejercerlo.
Por eso vio el punto de quiebre en la posible abdicación de la reina: cedió un poco, aminoró el ritmo de orgías, banquetes y hedonismo; y se acercó a la reina, para ver, conocer y quizás cambiar la razón que los alejaría (a él por las fuerzas) de los placeres monárquicos.
Pasó un tiempo, cambiaron ciertos hábitos y volvió la monarquía. Una moderada monarquía. Pero ella reina, al fin y al cabo. Glamorosa, pero, taimada reina. Y el príncipe se sintió incómodo.
Y se sintió incómodo.
Incómodo, sintióse el príncipe.
Que no sabe ni siquiera como redactarse incómodo. Tan incómodo.
El príncipe se sintió incómodo.
Y era la ropa de príncipe que le apretaba, le quedaba chico. Lo ahorcaba.
Era el quién se cansaba ahora. Lo aburrió, lo indignó. Sólo príncipe, y nada más.
Ni siquiera estaba en su sangre, que era roja, y no azul. Y de golpe, nada. Solo un príncipe. Vacuo, chato, consorte príncipe.
Y quería ser más que un príncipe.
Don't wanna be JUST a prince anymore.
No quiero pelear, quijotescamente, contra molinos de viento.
No quiero pelear. Soy un pseudo príncipe que solo quiere amar.
No, no quiere amar "solamente". Estoy cansado de los "solamente". Quiero un polirrubro. Voy a ponerme un maxikiosko.
No quiero adornarme, no quiero ser más príncipe. Quiero salir con mis atuendos reales. (¿Realmente hace falta que aclare entre atuendos reales y atuendos reales?)





