2003.
Recièn entraba a laburar en GIF. Como nuevito, me mandaron a la noche. Dìa por medio de 18 a 06, tenìa cierto encanto (y demasiados desencantos). Entonces, todos los hàbitos de estudiar a la noche. Ya habìa pasado la època de bicicletadas por capital, de la imprenta de Palermo a Once a tomar el Sarmiento, cargado con volantes -
flyers, en este submundillo-, y a veces, parando en la facu a cursar algo en PCentenario.
De golpe, era laburar en capital, de noche y estudiar temprano.
Entonces, salìa a las 06, pero el horario màs temprano en que arrancaban las clases era a las 09, dònde por esa epoca tenìa el teòrico de Semiòtika (mi tan sufrida semiòtika).
06:15 ya estaba arriba de la lìnea B, me subìa en Alem. Como me ganaba mis primeros mangos màs o menos serios (los primeros en blanco), a ppios de mes me compraba alguna revista, o el olè. El pàgina, si era Jueves; o el Clarìn, si era Viernes. Pero, por lo gral, dormìa hasta que se me hiciera el horario de entrar a la facu. Y entonces, hacìa como diez veces el trayecto Alem/LosIncas (Los Incas no llevarìa mucho tiempo de inaugurada, creo) y en cada cabecera, alguien me despertaba, sacudièndome la mayorìa de ellos. "Flaco, Alem", "Flaco, Los Incas", "Disculpà, llegamos" los màs respetuosos. Esto durante todo el 2003, con pequeñas excepciones (claro que pasaba una o dos veces por semana, a causa de la rotaciòn de mis dìas). y era ir y venir en el subte, dormitando en los asientos de felpa bordò, tan còmodos y tan calentitos (porque, sì, me cagaba de frìo si tenìa que aguantar esas casi tres horas en la calle).
No faltaron aquellas veces en que de tanto ir y venir, el horario justo de bajarse y llegar a tiempo a la facu (donde habitualmente era el primero en llegar a la 201, el aula de teòrico, con el diario "La U" calentito -y pedorro como siempre-) me encontraba lo màs lejos de la estaciòn Gallardo que fuese posible, y terminara llegando tarde a clase.
Tambièm, a fines de mes, cuando veìa que llegaba tranquilo, me iba al cafè de la esquina de Troilo y Corrientes (cuyo nombre ahora no recuerdo) y me leìa todos los diarios, o miraba algùn noticiero. O escribìa. Me llevaba bien con el mozo santiagueño de anteojos. En ese bar, mirando Roland Garros, viendo a Coria perder la semifinal con Martin Verkerk, escribì
este texto.